(Antología, 1992)
La luna desde los cielos detrás de una nube blanca miraba medio dormida a la hermandad de Triana los luceros de la aurora jugaban con las estrellas y le decían piropos a la Virgen marismeña.
Cuando el simpecao se echo a caminar un cohete azul rompió la mañana la gente de Triana detrás de la carreta no paraban de cantar.
Se apagaron las candelas el día estaba llegando y se escuchaba a Carmelo que el alba estaba tocando las ramas de los pinares de rocío se mojaron con el sol de la mañana parece que estén llorando.
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